jueves, 28 de abril de 2011

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'Fast & Furious 5': La manita del poligonero


Y cinco ya. Quien podía imaginar cuando se estrenó 'The Fast and the Furious' en aquel verano de 2001 que aquella modesta, sencilla, correcta y un tanto corriente pero muy entretenida película de acción sería la primera de una larga y exitosa saga que además presenta un envidiable estado de salud que para sí quisieran muchas otras sagas que, no obstante, caen en el error de pretender tener algo que contar. Porque muy probablemente en la sencillez de objetivos, expectativas y resultados es donde reside el éxito que le ha permitido a la franquicia colgar un cinco en su casillero, una saga a la que le vale con entretener por más que a sus responsables se les llene la boca tratando de darle dimensión humana a lo que no deja de ser una carrera de coches con un pibón al fondo... y a mucha honra.

No obstante la cosa tiene truco pues esta 'Fast Five' podría considerarse más bien una especie de segunda parte de una nueva trilogía -muy al estilo del Hollywood del siglo XXI- que dio comienzo con esa cuarta parte rebautizada sin el molesto doble "the" que adornaba el original, y que en su versión española confirmaba el descarte absoluto del 'A todo gas' con el que vagamente se la intento dar a conocer. Con Paul y Vin de nuevo dando brillo al cartel y Justin Lin confirmado como el director de la franquicia, esta recuperaba la energía que había ido perdiendo permitiendo a la saga expandir sus límites más allá de las carreras urbanas y, lo que es más importante, le otorgaba al fin la personalidad que los cambios en su reparto le habían esquilmado. 'Fast & Furious 5' viene a ser el ensalzamiento del modelo impuesto en la previa tanto en su vertiente buena como en la mala haciendo de ella un pasatiempo muy logrado en base a ser una película, como tal, bastante poco lograda que, sin embargo y hasta que el propio Michael Bay lo ponga en duda con su esperemos muy gamberra 'Transformers 3', cuenta con una de las escenas de acción más orgásmicas del año. Sí, orgásmicas.

Si lo bueno se hace esperar 'Fast & Furious 5' toma buena nota de ello porque se reserva para el final de lo bueno lo mejor que, en una franquicia fundamentada en la conducción temeraria y vertiginosa, no podía ser otra cosa más que una ya adelanto espectacular, salvaje y bruta persecución de coches que se diría que, Dios me perdone por la blasfemia, parece rodada por el mismísimo Sr. Bay. Y es que es tan digna que uno se imagina a Bay cual Homer Simpson babeando ante la Venus de Milo al ser testigo de cuantos coches salen al paso de Brian y Dom son apaleados con una muy gozosa y agradecida saña sin respeto alguno por quienes supuestamente los conducen.

No obstante, y al igual que ocurría con la que se hacia llamar secuela de 'Matrix', a dicha persecución la anteceden no pocos minutos de metraje que ni por asomo brillan de la misma forma a pesar de los constantes intentos por trufar esta de diversas escenas de tensión que, sin dejar de funcionar por su cuenta y riesgo con efectividad y espectacularidad innegables, tampoco consiguen disfrazar del todo un libreto al que le falta convicción para ejercer como tal. Por valer puede valer, y de hecho vale perfectamente para lo que se pretende que valga sirviendo de necesario apoyo a una producción que nunca deja de resultar distraída a su paso por la pantalla, pero lo uno no quita lo otro y no estaría de más que el ruido también pudiera provenir no sólo de los potentes motores de los bólidos protagonistas, máxime cuando la historia permitía algo más que su doblegación forzosa a un esquema que le priva de consistencia y que deja en el limbo numerosas preguntas cuyas respuestas pondrían en un apuro a la credibilidad que le concedemos por motivos evidentemente prácticos.

Vin es Dom y Paul es Brian, tal para cual y modelados a imagen y semejanza. A la fiesta se une Dwayne Johnson, quien entra haciendo mucho ruido pero cuyo personaje se diluye entre las líneas de un guión que le acaba arrinconando para que sea poco más que un comparsa en una pelea de tú a tú con Diesel que, no por casualidad, recuerda a las de 'Los mercenarios' de Stallone con un punto muy de agradecer en donde prima más la testosterona pura que una estilizado coreografía. El resto de llamémosle personajes relevantes no dejan de ser viejos conocidos de distintas entregas previas -a los nuevos mantengámoslos al margen que no aportan nada que no sea su sombra-, y que vienen a servir para dar cierta continuidad a la saga, títeres que al igual que los demás integrantes de la flota de la Enterprise sirven de ocasionales engranajes necesarios para que los protagonistas tengan un resorte con el que desbloquear el argumento, pero sin que sus aportaciones tengan por qué significar que esconden algo más que su simple presencia que, además, alarga un metraje que se antoja ligeramente excesivo por culpa de la confluencia de todos ellos en pantalla. Puestos a destacar por destacar lo cierto es que cabe mencionar que la belleza tanto de Jordana Brewster como de Gal Gadot se llevan bien con la cámara, algo que permite que la presencia de ambas siempre sea de agradecer.

Al igual que sus antecesoras esta quinta entrega que amenaza con una sexta, dígitos hasta hace bien poco reservados sólo para el llamado cine de terror y que en una producción comercial no dejan de producir algún que otro escalofrío, cumple con su promesa de entretener recorriendo un camino en el que el bien y el mal es de aplicación más que voluble y partidista, en el que no deja de ser buena dentro de lo que es sin por ello ser necesariamente buena como lo que es, y a la que la pregunta de más fácil aplicación es sí es mejor o peor que las otras, una pregunta a la que basta con responder con un "gustará a quien haya catado de buena gana cualquiera de las anteriores". Poco importa que su trasfondo dramático sea de cartón piedra -más un pose que un contenido propiamente dicho-, que sea la más larga -y la que se hace más larga- de las cinco, que tengamos tantos personajes con tan poco que decir -y que a veces son más un lastre que otra cosa- o que en su argumento encontremos agujeros u/o incoherencias del tamaño del Nyiragongo -véase el "golpe": media película preparándolo para que al final entren como Pedro por su casa con una facilidad pasmosa-.

Todo en 'Fast & Furious 5' rinde pleitesía a lo que podríamos considerar como el máximo exponente del que se puede adoptar ya como un género en sí mismo, el cine poligonero -aplíquese la acepción del término que se prefiera-, y que en líneas generales no presenta nada nuevo que no hayamos podido ver en cualquiera de sus títulos precedentes sin que no por ello deje de resultar igualmente entretenida y perfectamente válida, aunque sólo sea por la eficacia con la que su puesta en escena resuelve la papeleta, la falta de prejuicios con la que luce sus no pocos defectos y, por supuesto, por terminar luciendo la que sin duda será una de las escenas de acción más recordadas (y disfrutables) del año. Aunque sólo sea por esta escena, a lo cabe aportar la periódica aportación de diversos picos de desmadre inspirado (como la secuencia del tren), lo cierto es que el precio de la entrada queda bien amortizado.

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